martes, 23 de agosto de 2011

LICENCIAS

JAVIER CORRAL JURADO

Santiago Creel puso la “pica en Flandes” cuando decidió pedir licencia a su escaño de senador hace casi tres meses. Sobre todo porque colocó su decisión en el marco de la ética política, no tanto en las formalidades del derecho, que, como lo hemos podido comprobar entre la mayoría de los aspirantes presidenciales, han sido cuidadosamente burladas. Creel dijo con toda claridad que su pretensión electoral hacía incompatible mantenerse en el cargo —para el que se le pagaba—, además de deslindarse del uso de recursos públicos.
Aunque Creel ya no desempeñaba mayor responsabilidad en la Cámara Alta, ni un presupuesto adicional a su dieta, optó por ceñirse al código de ética que rige el desempeño de los servidores públicos en Acción Nacional y ese escrúpulo le trajo una buena ponderación en la opinión pública.
Ahora ha anunciado esa decisión la diputada Josefina Vázquez Mota, que habrá de formalizar el 30 de agosto, cuando concluye su encargo como presidenta de la Junta de Coordinación Política. Su licencia abre entre diputados panistas la búsqueda del nuevo coordinador, sustitución que no será sencilla, dado el referente de extraordinario trabajo político y cohesión que ella deja. Su precampaña está fincada en un mayoritario grupo de diputados que ha asumido —varios con entusiasmo inaudito— promoción y articulación de redes.
Con los dos principales aspirantes panistas liberados de responsabilidades públicas, la contienda adquirirá mayor relevancia y ese hecho puede ser una oportunidad de reposicionamiento entre la ciudadanía; el PAN es el único partido donde existe una real competencia. La oportunidad aumentaría si realiza esa elección por el método abierto.
Los cargos de legisladores —no de todos— más que la posibilidad de disponer de recursos, representan plataformas de posicionamiento mediático y proyección social. Secretarios de Estado y gobernadores sí pueden conjugar la doble ventaja sobre todo en medios para quien sabe usar esas relaciones, que no es, por ejemplo, el caso de Cordero, a quien parece aconsejarlo algún genio de la contrapropaganda en sus declaraciones de prensa.
Pero lo sepa o no aprovechar, la de Ernesto Cordero es la licencia al cargo más esperada, pues a la incompatibilidad señalada por Creel se le agrega la delicadísima función negociadora tanto de la ley de ingresos, como del presupuesto público en el Congreso. Ahí no sólo los adversarios políticos, sino sus mismos correligionarios, ven a Cordero ya mucho más como un precandidato que como secretario de Hacienda. El mayor bemol sería que Cordero nos salga el secretario de Hacienda más caro de la historia en términos de la negociación con el PRI, que si a algo le sabe es cómo sacar ventaja de las debilidades de sus contrarios.
Conocí por fuentes confiables que la salida de Cordero se perfilaba para darse a conocer por estos días y que incluso se tenía como relevo al secretario de Comunicaciones y Transportes, Dionisio Pérez-Jácome, quien decidió hacerse miembro adherente del PAN en el DF hace dos meses. Adhesión singular, primero por la inteligencia que se suma a nuestras filas, pero también porque proviene de una familia priísta de toda la vida.
Sin embargo, los nubarrones sobre la economía parece que han modificado ese escenario, lo cual puede dar margen a que el equipo gobernante y el mismo Presidente reconsideren su decisión en torno de la candidatura de Cordero, y viren hacia la de Alonso Lujambio, con mucho, el mejor perfil que tendría ese grupo. Y en ese caso también debiera apurarse la licencia de quien hoy se desempeña como secretario de Educación Pública y antes como presidente del IFAI, una de las banderas más importantes del PAN en la alternancia.
Además de transparentar la actuación de los aspirantes panistas, las licencias darán más movilidad y autonomía a esas biografías. Es de esperarse que también se suelten más, y se atrevan a decir cosas, a plantear ideas nuevas y relanzar un programa de cambio para México en el que se den a conocer los logros de 10 años del PAN, pero también a realizar un ejercicio autocrítico de lo que no se ha hecho bien y a comprometerse con lo que sigue pendiente por realizar.

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